La Madre Cándida (en el centro) con sus primeras hijas

"Estoy siempre dispuesta y preparada para hacer la Voluntad de Dios en todo y para todo, y en bien de la Congregación daré mi vida."

Nota de prensa en el primer aniversario de la muerte de la Madre Cándida María de Jesús



Hoy hace un año entregó su alma a Dios con la preciosa muerte de los justos en el colegio de las Hijas de Jesús en esta ciudad, su santa fundadora Reverenda Madre Cándida María de Jesús.

Justo es que reconozcamos hoy y paguemos el debido tributo de amor y agradecimiento a tan benéfica Madre, trayendo a la memoria los múltiples beneficios de que le somos deudores los salmantinos, a la vez que sumariamente recordamos los hechos principales de su laboriosa peregrinación sobre la tierra.

Nació en Andoain (Guipúzcoa), diócesis de Vitoria, el 31 de mayo de 1845 y fueron sus padres Juan Miguel y María Jesús, dignos de que sus virtudes fueran largamente contadas por su hija, que aprendió de ellos especialmente su devoción a Nuestra Señora y su espíritu de penitencia. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento y confirmada el 5 de noviembre de 1848.

Inocentísima fue siempre la vida de Juana Josefa Cipitria, como se llamaba en el siglo. La sencillez, la naturalidad, el candor y un amor grande y generoso hacia su Dios y María en el misterio de su Inmaculada Concepción, formaban su distintivo, con el que arrastraba de un modo especial a las criaturas al conocimiento y amor de ambos. En su Providencia la destinaba el Señor para muy varoniles hazañas, y así como en lo natural la dio entendimiento y carácter más de hombre que de mujer, así en lo sobrenatural la formó con educación dura y sólida.

Sus devociones y sus ideas de ascética y de mística llevan este sello de solidez varonil. Las prácticas piadosas de sus devocionarios están llenas de teología. La Eucaristía ha sido y será siempre el centro de la vida del alma y la que tales muestras dio de actividad y robustez de espíritu, no pudo menos de sentir hambre de la Comunión. No había sacrificios que no arrastrara gustosa por no privarse de ella. En sus viajes se quedaba en ayunas hasta muy entrado el día por no perderla, creciéndose ante las dificultades que se le presentaran para conseguirla.

En el trance angustioso de quien como esta joven sentía impulsos irresistibles de abandonarlo todo para servir a Dios, sin que por otra parte viera abrírsele horizonte alguno favorable a sus deseos, le dio el Señor en el Padre Miguel San José Herranz, de la Compañía de Jesús, un consejero acertadísimo, que supo conducirla hasta descubrir los designios del cielo sobre su porvenir, dándola aliento para esperar con paciencia.

A los veintiséis años fundó, con la bendición de Pío IX, en el edificio que hoy ocupa el colegio de San Ambrosio, en Salamanca, la primera casa de la Congregación. Los comienzos de esta fundación coincidieron con la revolución que se había desencadenado en nuestra Patria. Procuró formar a sus religiosas en aquella solidez de virtud y santa severidad que consigo tenía, y echó su espíritu en aquel convento, hondas raíces, que todavía duran. Las grandes ideas que contemplaba, las luchas en que se agitaba su espíritu y las desgracias de la Iglesia y de la Patria, que pesaban sobre su alma delicada y grande daban esa seriedad a sus ojos de mirar profundo.

Fue protegida en esta empresa por la Serenísima Infanta Isabel y por los excelentísimos señores obispos Llunch y Garriga, Izquierdo, Cardenal Almaraz, P. Cámara, Barberá, y en general por todos los demás obispos en cuyas diócesis fundó algún colegio, siendo de notar entre ellos el excelentísimo señor Don José Cadena Eleta, obispo de Vitoria y electo arzobispo de Burgos que a sus expensas ha edificado un bonito colegio en Pitillas (Navarra), su pueblo natal, entregándolo a la dirección de estas religiosas y los excelentísimos Marqueses de Castellanos, que donaron el convento de los Mostenses para noviciado y lo están enriqueciendo con una linda capilla.

El Gobierno aprobó el Instituto el 27 de Agosto de 1899, y la Santa Sede el 3 de diciembre de 1912, día de San Francisco Javier. Dejó fundadas a su fallecimiento once casas con dos noviciados en España y en América tres. En los colegios se da la enseñanza de párvulos, elemental y superior. Además hay academia para señoritas que siguen la carrera de magisterio en sus dos grados elemental y superior, y clases especiales de música, francés, dibujo y pintura, cortes de prendas, flores, etcétera. En todos los colegios se fundan escuelas dominicales y una clase gratuita para los niños pobres.

A nosotros, por hoy nos corresponde, después de haber orado como cristianos, recoger las alabanzas dirigidas a esta insigne bienhechora de la sociedad y dejar consignados hechos y fechas imborrables que constituirán una página de honor para el pueblo de Salamanca.

El Salmantino, 9 de agosto de 1913

Consejos para las Maestras III



"La sencillez ha de reinar en las leccio­nes, no añadiendo ni quitando nada a lo debido, siendo la religión el principal objeto de su plan. Cuando tengan que reprender a las culpables, eviten pala­bras injuriosas de enojo y desprecio, pues han de tener a la vista la sencillez, la afabili­dad y la manse­dumbre de nuestro Dios Jesús."    

"Hablarán algunas veces con los pa­dres de las niñas para ver si pueden hacer el bien, pidiendo a Jesús dulzura y discre­ción para inspirar franqueza y ganar su confian­za... Se esforzarán por tener el respeto y obe­diencia de las niñas, no permitiendo desapro­ba­ciones en público, manteniendo siempre su autoridad... Serán muy prudentes antes de obrar y firmes cuan­do hubieren resuel­to algo, incli­nándo­se siempre a la dulzura más que a la seve­ridad."

"La mansedumbre, que es hija de la caridad, debe notarse en toda su conduc­ta, muy particular­mente cuando tengan que excusarse o perdonar los defectos. Eviten en el trato mutuo, y con las per­so­nas o la comunidad, el tono imperioso o altivo que se adquie­re algunas veces con la costum­bre de enseñar. Si alguna tiene natural inclina­ción a este defecto, debe alegrarse de ser reprendida."


"Procurarán conciliar el respeto y esti­ma­ción de las niñas con la bondad y la caridad, ani­mándo­las y reprendiéndolas con manse­dum­bre, inspi­rándoles con sus conver­sacio­nes confianza y ganándoles la volun­tad."

"Entre las mismas niñas, algunas de más edad, juicio y prudencia, podrán ser aprovecha­das... ya sea para la vigilancia en diversos ejerci­cios del día, ya para que cuiden de algunas niñas al salir de la escuela o para que vengan a ella con orden y modestia... A éstas habrá que animarlas con algu­na estimación y algunas veces con pe­que­ños dones que reconocerán su mérito y la confianza con que se las distingue".

Consejos para las Maestras II



"La maestra procurará tener celo y tierna caridad, se esforzará en correspon­der a su voca­ción por la vigilancia, man­sedum­bre, paciencia y constante firmeza. Su encargo especial es dirigir a las niñas po­bres y lograr su adelanto, ya sea por las instruccio­nes y con­versacio­nes, ya por otro medio que la caridad o el amor de Jesús sabrá sugerirle."


"Las maestras deben estimar el tra­ba­jo que se les confía. Sirviendo a las po­bres sirven y honran más particularmente a Jesús. Se animarán con santo fervor a conducir bien a estos depósitos de Jesús que se les confía, no despreciando su ig­norancia o su grosería, ni aún los defec­tos de estas pobres niñas. Para conseguirlo pedirán a Dios en la oración espíritu de celo, de mansedum­bre, de humildad, siendo además vigilan­tes, acti­vas, firmes y llenas de caridad."

"Las maestras se mostrarán en sus méto­dos en clase prudentes y firmes para castigar. Sin embar­go, deben ser muy sa­bias en las peni­tencias para que las niñas no se acostumbren y para evitar el peligro de comprometer su autori­dad. No tocarán a las niñas, prefiriendo peni­ten­cias que mortifiquen su amor propio y su sensibilidad."

Consejos para las Maestras I

Los Consejos para las Maestras fueron escritos por la Madre Cándida para las Madres Maestras destinadas a la educación de la infancia y juventud. En ellos la Madre Cándida vierte su sabiduría sobre el modo de actuar y de relacionarse las religiosas con las niñas en las aulas. Constituyen el perfil de la Hija de Jesús evangelizadora y educadora, que sabe que el testimonio y la instrucción religiosa son el principal objeto de su vocación. Como modelo pone a Jesús, siempre Jesús, y exhorta a sus hijas a tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús, especialmente dulzura, mansedumbre y paciencia, en el discurrir de su labor apostólica y docente. Algunos extractos:

"Han de tener constantemente a la vista la sencillez, la afabilidad, la man­se­dumbre de nuestro Dios Jesús."


“La mejor y la principal instrucción es la religio­sa. Las niñas tienen más necesi­dad de ser fortifica­das en el estudio prác­tico de nues­tra religión. Para esto, las maestras jóvenes ten­drán un particular cuidado en dirigir todas sus leccio­nes a este objeto. Lo harán sin afectación, sin esfuer­zo, sin fatiga, de mane­ra que, estan­do así alimentadas, lleguen las niñas a ser cristia­nas sin advertir­lo. Se les llamará la atención en las clases con cua­dros religiosos, imágenes piado­sas, algunas sentencias y cantarán cánti­cos piadosos. Todos los días tendrán el catecis­mo en tiempo conveniente. Se hará todos los días, o según con­ven­ga, una ins­trucción cristia­na pro­por­cionada a la edad y capaci­dad para que crezcan en pie­dad y en virtud por la costumbre recibida."

"La instrucción religiosa debe tener el principal lugar en la educación. Sin embargo, no deben las maestras descuidarse en dar los conocimientos necesarios al estado de las niñas y a su porvenir en la vida. Explicarán con brevedad y métodos sencillos."


Carta 327 a la H. Antonia Beloqui Ayarbe, 29 de noviembre de 1906



“(...) veo que ya está en ésa la postulante desde el 21, de lo que me alegro; y dígale que escogió un día hermosísimo, como es en el que la Purísima Virgen se presentó en el Templo, consagrándose enteramente a Dios; que la imite y sea fiel hija suya, con la seguridad de que no la abandonará, como no abandonó nunca ni abandona a los que verdaderamente se consagran y acogen bajo la maternal protección de esta nuestra Purísima Madre (...) Me alegro de que las Madres y Hermanas hayan quedado tan satisfechas con sus cartas y que pasasen tan alegre recreación. Así es, hija mía; me gusta que estén alegres en el Señor, pues de la recreación empleada santamente se puede sacar mucho fruto (...) pido por todas para que sean unas grandes santas y lo seamos todas.”

Fundación de las Hijas de Jesús en China (1931-1952)


La Rvdma. Madre General Eloísa Andrés del Pozo con las seis primeras Hijas de Jesús
enviadas a China con sus crucifijos de misioneras

En 1930 el P. Federico Melendro SJ, vicario apostólico de Anking (China), invita a las Hijas de Jesús a expandir su misión apostólica a China. Las primeras seis Hijas de Jesús llegan a China a mediados de 1931 y después de algunos meses de orientación y aprendizaje del idioma en Shanghai, comienzan su labor apostólica en Anking. Fueron encargadas de la formación espiritual e intelectual de la comunidad de Hermanas de la Presentación (comunidad religiosa para indígenas) dedicadas a la catequesis y la educación. Con el tiempo las Hijas de Jesús fueron abriendo nuevas casas y colegios en Beijing (1940), Tianjin (1944) y Shanghai (1947). En 1952 fueron expulsadas por el gobierno comunista, abandonando todas sus obras, y teniendo las religiosas que continuar su labor evangelizadora en Taiwan o Filipinas.

Hijas de Jesús y Misioneras Mercedarias de Berriz (llegadas en 1926) en China
Las primeras alumnas del colegio de Río Azul en Anking (1932)

De la primera expedición a China de 1931 queda el relato que la Madre María Marcos nos legó y que contiene desde los primeros preparativos en España hasta la apertura en China del primer centro escolar: Del Tormes al Río Azul. Diario misionero de la primera expedición de Hijas de Jesús a la China. Calatrava, Salamanca, 1932.

Una Hija de Jesús atendiendo en el dispensario

Segundo envío de misioneras Hijas de Jesús a Brasil (1912)



Madre Antonia Beloqui Ayarbe (1870-1951)

Madre Antonia Beloqui Ayarbe nació el 14 de noviembre de 1870 en Andoain, pueblo natal de la Madre Cándida. Ingresa con 18 años en las Hijas de Jesús, el 26 de septiembre de 1888. Hace su profesión temporal el 8 de diciembre de 1890. En enero de 1891 es destinada a Bernardos, regresando a Salamanca en julio para cursar los estudios de Magisterio. En 1895 es destinada a Tolosa donde ejerce de profesora de literatura y música. En 1905 es nombrada superiora de aquella casa para los seis años siguientes. En 1911 es destinada a Brasil y nombrada superiora por la Madre Cándida. El grupo compuesto por seis religiosas sale de España el 27 de enero de 1912. Por su correspondencia con la Madre Cándida en los meses que siguen conocemos con detalle las primeras impresiones de aquella comunidad ante un mundo nuevo, la acogida generosa del pueblo, el discernimiento hecho ante necesidades apostólicas de características diversas que las experimentadas hasta entonces y la emoción ante las primeras cartas que reciben de la Madre Fundadora. M. Antonia Beloqui permaneció en Brasil hasta el fin de su vida. Después de los años en que le correspondió estar al frente de la comunidad, siguió en Mogi Mirim como vicesuperiora. Ella fue, algún tiempo después, la primera delegada de la Madre General en Brasil, responsabilidad en la que fue sustituida en 1937 por la Madre Gabriela Herrero. Por aquellas fechas, ya no podía dedicarse a una actividad normal, debido a su salud quebrantada. En Mogi Mirim continuó siendo, con el testimonio de sus actitudes, un verdadero estímulo para la comunidad, donde todas la querían y veneraban. Falleció en aquella ciudad el 20 de noviembre de 1951 a los 81 años.

Madre Josefa González Cortés (1862-1932)

Madre Josefa González Cortés nació en Béjar (Salamanca) el 30 de noviembre de 1862. Ingresa en el Instituto el 20 de enero de 1881, realizando la primera profesión el 2 de febrero de 1883 y la perpetua el 24 de septiembre de 1903. Desde su primera profesión hasta octubre de 1888 ejerce de profesora de literatura y labores en Salamanca. En otoño de 1888 acompaña a la Madre Cándida a Tolosa para los pasos iniciales de la fundación. Allí forma parte de la primera comunidad, y tras un breve regreso a Salamanca, la encontramos de nuevo en Tolosa a partir de 1893 como profesora en la clase de San José, responsable de música y de las representaciones teatrales de las alumnas, y en la ausencia de la M. Joaquina Gómez, la M. Cándida suele determinar que se quede al frente de la comunidad. De 1900 a 1904 es superiora de esta casa. Tras pasar por Peñaranda y Segovia, y tras la muerte de la M. Antonia Robles en 1906, queda de superiora del colegio de Salamanca hasta 1908. En 1905, el II Capítulo General la nombra ecónoma general.

Después de un largo proceso de discernimiento sobre la autenticidad de su vocación misionera, la Madre Cándida aprueba el recurso a la Santa Sede para solicitar que M. Josefa González tenga la dispensa de su cargo de ecónoma general y pueda formar parte de la segunda expedición de Hijas de Jesús que es enviada a Brasil. Pasará por los colegios de Mogi Mirim, Bragança Paulista y Lepoldina, siempre como superiora. En 1923, habiendo fallecido M. María Igarategui, es nombrada cuarta consultora por la Madre General y su Consejo. Para asumir este servicio regresa a España. Participa en el IV Capítulo General (1925) en el que es elegida primera consultora y vicaria general, misión que desempeña hasta su muerte, ocurrida el 18 de febrero de 1932, a los 69 años.

En el Archivo Histórico de las Hijas de Jesús se conservan 201 cartas de M. Josefa González a la Madre Cándida, y 15 de ellas escritas desde Brasil o en el viaje hacia aquel país. Son 111 las que se encuentran dirigidas a ella por la Madre Fundadora. En esta amplia correspondencia, que va desde 1891 a 1912, se siente la cercanía con la que M. Josefa trata a la Madre Cándida y la confianza espontánea y sencilla con que le cuenta los acontecimientos de su vida y actividad apostólica, como también se percibe la sinceridad con que le habla la Madre Cándida y la libertad con que le descubre aspectos menos positivos quizá en su forma de actuar.

Madre Juana Uranga Carrera (1872- 1946)

Madre Juana Uranga Carrera nació en Beasain (Gipuzkoa) el 21 de enero de 1872. Conoció a la Madre Cándida cuando en 1888 fue a Tolosa para tratar de la fundación de un colegio en aquella población. Con 18 años ingresa en el Instituto el 8 de marzo de 1890. Hace su primera profesión el 19 de marzo de 1892 y la perpetua el 24 de septiembre de 1903. Realiza estudios de Magisterio en Salamanca y en 1892 es destinada al colegio de Coca donde se encarga de los párvulos. Posteriormente es enviada a Segovia y Medina del Campo. En 1902 se encuentra en Salamanca como profesora de literatura y labores, además de responsable de las internas. En 1906 es nombrada superiora de Segovia y en 1911 de Arévalo. Acogido su deseo de colaborar en la realización de la misión educativa del Instituto en tierras brasileñas, la Madre Cándida la llama a participar en la expedición enviada en 1912 para la segunda fundación en Brasil. En 1916 es nombrada superiora del nuevo colegio de Belo Horizonte, ciudad que en aquel momento no contaba todavía veinte años de existencia. Después de haber participado en el IV Capítulo General, en 1925 le es confiada nuevamente la misión de superiora en Segovia, y en 1928 en Valladolid. Habiendo estado por dos años en San Sebastián, en 1933 es destinada al colegio de Tolosa, en donde pasa los trece últimos años de su vida. El 17 de octubre de 1946 tiene una crisis fuerte de tensión arterial y muere al día siguiente a los 74 años. Hermanas que la conocieron resaltan, entre sus muchos valores humanos, el gran ingenio, la imaginación realmente viva y la rica experiencia que en su vida se fue madurando en los acontecimientos diversos y a veces arduos que le tocó vivir. Destacó por su laboriosidad, su dedicación abnegada y constante a las tareas que le eran encomendadas, y el celo con que se entregó siempre a la misión educativa del Instituto.

Madre Águeda Hernández Calvo (1872-1952)

Madre Águeda Hernández Calvo nació en Salamanca el 10 de febrero de 1872. Sus padres, D. Juan Hernández y D.ª Isabel Calvo, no disponían de grandes recursos económicos. Águeda fue alumna del colegio de Salamanca, en la clase del Divino Pastor, entre las niñas gratuitas. Ingresó en el Instituto a los 17 años, el 17 de noviembre de 1889, tomando el hábito el 26 del mismo mes. Hizo su primera profesión el 26 de noviembre de 1891 y formó parte del grupo de 42 Hijas de Jesús que, junto con la Madre Cándida, se consagraron definitivamente al Señor el 24 de septiembre de 1903. Pasó sus primeros años de vida religiosa en el colegio de San José en Tolosa, en donde fue profesora de francés. En 1912 formó parte de la segunda expedición enviada por la Madre Cándida a Brasil para la fundación del colegio Inmaculada Concepción en Mogi Mirim (São Paulo). Aun estando bastante enferma acompañó en 1916 a la secretaria general en su visita a Pirenópolis. Unos años después, en 1920, fue nombrada superiora del colegio de Pirenópolis, cargo que desempeñó hasta 1925. Participó en los Capítulos Generales de 1925 y 1946. Acompañó a la Madre General, Eloísa Andrés del Pozo, en 1926 durante su visita a Brasil. Fue nombrada superiora en los colegios de El Espinar y Peñaranda, y estuvo también algún tiempo en Fundão (Portugal). A consecuencia de la fractura de una pierna, falleció el 9 de febrero de 1952, en el colegio de Salamanca, un día antes de cumplir 80 años.

Hermana Dolores Arín Eguía (1878-1951)

Hermana Dolores Arín Eguía nació en Orendain (Gipuzkoa) el 28 de junio de 1878. Fue orientada por el párroco Don Joaquín Arandia a las Hijas de Jesús. Este sacerdote envió varias vocaciones al Instituto. Ingresó el 18 de marzo de 1897, profesando temporalmente el 19 de marzo de 1899 y perpetuamente el mismo día de San José de 1905. Sus primeros años transcurren en el colegio de Salamanca. En enero de 1912 forma parte de la segunda expedición a Brasil. Destinada más adelante a Bragança (1915), pasaría en este colegio, atendiendo siempre generosamente a diferentes trabajos domésticos, la mayor parte de su vida religiosa. Enfermó de esclerosis múltiple y falleció el 2 de junio de 1951 a los 72 años, el día del Corpus Christi, y mientras el Santísimo Sacramento pasaba por la puerta del colegio.

Hermana Catalina Altuna Garayalde (1883-1922)

Hermana Catalina nació en Orendain (Gipuzkoa) en 1883. Trabajó como coadjutora en diversos oficios en el colegio de Mogi Mirim durante 11 años. Fue religiosa trabajadora, cariñosa y alegre, muy amada por sus Hermanas y las alumnas. Falleció en 1922 con 39 años, siendo la primera Hija de Jesús fallecida en esa comunidad.

Las primeras misioneras Hijas de Jesús en Brasil (1911)

                                                Madre Manuela Azcúe Ulacia (1873-1947)

La Madre Manuela Azcúe Ulacia nació en Aizarna (Gipuzkoa) el 13 de octubre de 1873. Ingresó al noviciado el 29 de septiembre de 1890, realizando la profesión temporal el 29 de septiembre de 1892 y la perpetua el 8 de dieciembre de 1903. Fue destinada a Segovia y como superiora en El Espinar. Fue designada por la Madre Cándida superiora del primer grupo de seis Hijas de Jesús enviadas a Brasil en 1911. Regresó a España para acudir al IV Capítulo General de 1925. En 1926 es nombrada ecónoma general y maestra de postulantes en Salamanca. El 15 de octubre de 1943 celebró sus bodas de oro. La Madre Manuela destacó por su gran amor y dedicación al Instituto. Fue religiosa muy trabajadora y sumamente abnegada. Falleció de manera inesperada el 3 de julio de 1947 a los 73 años.

Madre Vicenta Guilarte Alonso (1879-1960)

La Sierva de Dios Madre Vicenta Guilarte Alonso (Ildefonsa) nació el 21 de enero de 1879 en Rojas de Bureba, Burgos (España). El 8 de diciembre de 1901 toma el santo hábito de las Hijas de Jesús en Salamanca. Es formada por la Madre Cándida María de Jesús, asimilando de su ejemplo y para siempre el verdadero espíritu del Instituto. La Santa Fundadora la incluye por su virtud humana y religiosa en el primer grupo de Hijas de Jesús que serán enviadas fuera de España, a Brasil. Con 32 años, la Madre Vicenta junto a otras seis religiosas marcha en barco desde Cádiz rumbo a Brasil el 29 de septiembre de 1911. Llegan el 17 de octubre al Puerto de Santos y tras quince días a caballo, a pie y en barca llegan a Pirenópolis donde será fundado el colegio de la Inmaculada Concepción. Nunca más volverá a su patria, ofreciendo este sacrificio por el bien del Instituto y la salvación de las almas. En el colegio de Leopoldina (Minas Gerais) desempeñará diversos oficios, entre ellos el de humilde portera, desde el que ganará muchas almas para Dios. Muere a los 81 años en olor de santidad en esa ciudad el 6 de julio de 1960. El 13 de abril de 1992 tiene lugar la apertura de su proceso de beatificación. En 2008 fue presentada la positio a la Congregación para la Causa de los Santos.

Madre Dolores Esteban Muñoz (1877-1913)

Madre Dolores Esteban Muñoz nació en Salamanca en 1877 en el hogar de Don Ramón y Doña Florencia. Fue alumna del colegio de la Inmaculada y a los 20 años ingresó en el Instituto, tomando el hábito el 15 de agosto de 1897. Su primera profesión tuvo lugar el 15 de agosto de 1899, y la perpetua el 8 de septiembre de 1905. Como profesora de música, pintura y francés, pasaría sus primeros años de actividad apostólica en el mismo colegio de Salamanca, e inculcaría de modo particular en las alumnas el amor mariano que ella vivió en profundidad. Formó parte en 1911 de la primera expedición de Hijas de Jesús a Brasil, para cuya fundación se había ofrecido generosamente. Su carácter siempre alegre, su bondad y unas excelentes aptitudes pedagógicas le ganaron pronto la estima y el aprecio de alumnos y padres en el colegio de Pirenópolis, en el que dejaría un recuerdo imborrable. Dos años escasos duró su estancia en Brasil: fue la primera Hija de Jesús fallecida en Brasil, el 26 de noviembre de 1913, a los 36 años.

Madre Antonia Sánchez Rodríguez (1875-1953)

Madre María Antonia Sánchez Rodríguez, hija de D. Antonio María Sánchez y D.ª María Concepción Rodríguez, nació en Morillo (Salamanca) en 1875. Frecuentó por algún tiempo la escuela dominical de las Hijas de Jesús en Salamanca e ingresó en el Instituto el 13 de febrero de 1895. Su primera profesión tuvo lugar el 13 de julio de 1897, y la perpetua el 8 de diciembre de 1903. Terminados sus estudios de Magisterio en Salamanca, seguirá en este mismo colegio como responsable de las clases de literatura de las alumnas de la academia. Formó parte de la primera expedición de Hijas de Jesús a Brasil, y allí permanecería hasta 1925 (en los colegios de Pirenópolis, Mogi Mirim y Leopoldina, superiora en este último desde 1923), en que vuelve a España para tomar parte en el IV Capítulo General. A partir de esta fecha, su vida religiosa transcurre al frente de diferentes comunidades en Caldas de Reyes, Bernardos, Peñaranda y Coca. Al cerrarse el colegio de Coca en mayo de 1926, pasa a la casa noviciado de Salamanca, y al año siguiente a la de El Espinar como superiora, trabajando siempre con incansable celo en cuantas responsabilidades se le encomendaron. Los últimos trece años de su vida, a partir de 1940, trascurren en San Sebastián, donde celebraría sus bodas de oro el 13 de noviembre de 1945. Su salud, ya delicada desde 1940, se agrava en 1951 y fallece el 12 de mayo de 1953 a los 77 años.

Hermana Josefa Macazaga Dorronsoro (1882-1958)

Hermana Josefa Macazaga Dorronsoro nació el 26 de mayo de 1882 en Lazcano (Gipuzkoa). Tomó el hábito el 8 de diciembre de 1902. Hizo sus primeros votos el 8 de diciembre de 1904, y la profesión perpetua el 8 de diciembre de 1920. Sus buenas cualidades como educadora se pondrían de manifiesto con las alumnas de Arévalo, primero, y en Pirenópolis (Brasil), desde 1911, formando parte del grupo fundacional. Más delante, y como responsable de diversas tareas, estuvo en el colegio de Belo Horizonte y en el de Santos Dumont. Cuando se cerró esta casa, pasó a la de Río de Janeiro. En esta última comunidad falleció el 5 de noviembre de 1958 a los 76 años.



Hermana Antonia Altuna Garayalde (1876-1962)

Hermana Antonia Altuna Garayalde nació en Orendain (Gipuzkoa) en 1876. Ingresó al noviciado el 3 de julio de 1895. Hizo la profesión temporal el 31 de julio de 1897 y la perpetua el 3 de octubre de 1904. Su hermana de sangre Fermina seguirá sus pasos como Hermana Coadjutora. Fue enviada a Brasil con la primera expedición de Hijas de Jesús prestando servicio en Pirenópolis y Bragança. Su último destino fue Mogi Mirim donde celebró sus bodas de oro en 1945 y continuó su entrega constante al trabajo y las obras de caridad. Falleció en aquel colegio el 29 de septiembre de 1962 a los 86 años.

¿Quién es?: Madre Joaquina Gómez Lomba (1853-1936)



La Madre Joaquina Gómez Lomba nació en La Guardia (Pontevedra) el 16 de octubre de 1853, en el hogar de Don Luis Gómez y Doña Josefa Dolores Lomba. El 8 de septiembre de 1887, con 33 años, ingresa en las Hijas de Jesús. Fue orientada al Instituto por el P. Herranz, que dice de ella a la Madre Cándida: “Creo que te ha de ayudar mucho Joaquina y que pudiera servir de superiora en alguna casa… pero como aún está en el noviciado, nada debes de decidir acerca de ella, y, por otro lado, en Salamanca te será siempre útil, pues tiene buen espíritu, conocimiento del mundo, prudencia y, sobre todo, virtud; y las que así tengas, en cualquier casa u ocupación serán útiles”.

Pronto supo ganarse el afecto y la amistad de la Madre Cándida a la que acompañó en todos sus viajes durante sus primeros años de vida religiosa. Religiosa íntegra, de gran vida interior y brillantes cualidades humanas, fue depositaria de la confianza de la Madre Cándida. Fue destinada como superiora del colegio de San José en Tolosa (1893), desde donde tenía al corriente a la Madre Cándida de los asuntos de su familia. Cariñosamente llamaban “el abuelito” a Don Juan Miguel Cipitria, padre de la Madre Cándida, que solía pasar temporadas en el colegio de Tolosa. Allí fallece el 14 de mayo de 1897 después de una corta pero penosa enfermedad atendido por la Madre Joaquina.

En el Archivo Histórico de las Hijas de Jesús se conservan 167 cartas dirigidas a la Madre Cándida por la M. Joaquina, y son 145 las que le escribe la Madre Cándida a ella (75 cartas escritas entre los años 1902-1905). En toda esa numerosa correspondencia se percibe la profunda amistad que une a las dos. Una amistad vivida desde la perspectiva de la fe y que ofrece a ambas una eficaz ayuda para caminar por los caminos que el Señor les va trazando. Una amistad que se expresa en profundidad de comprensión y gestos de cercanía. En sus cartas se encuentra la apertura de una verdadera comunicación espiritual y, al mismo tiempo, la espontaneidad sencilla de las expresiones de quien no usa de artificios para comunicarse.

Desempeñó después el cargo de superiora y maestra de novicias en Salamanca, y a partir de 1905 se dedicó totalmente al noviciado. Aquí se revela la confianza que la Madre Cándida tuvo en ella, al nombrarla formadora de novicias, confiando en que la M. Joaquina transmitiría a las nuevas generaciones de Hijas de Jesús el verdadero espíritu del Instituto. Participó en los cuatro primeros Capítulos Generales y fue durante algunos años instructora de tercera probación. Falleció en Salamanca el 29 de agosto de 1936 a los 82 años.

Extractos de la correspondencia entre la Madre Cándida y la M. Joaquina:           
             
Madre Cándida: “... tiene, hija mía, una Madre que la quiere más que a sí misma; sí le puedo decir que la amo mucho, y cuanto más buena y santa sea, la quiero más, pues amor, con amor se paga. No tema, que mi pobre corazón jamás la olvidará, con la gracia de mi Dios amadísimo...”

M. Joaquina: “De cuánto consuelo fue para mi pobre corazón ayer el recibir la carta de V.R., sólo Dios sabe, y Él se lo declare a V.R., pues a mí no me es posible. Las palabras de consuelo que V.R. me dice enternecen y conmueven hasta la última fibra del pobre corazón de esta su más indigna hija, que quisiera poder corresponderle como lo merece una Madre tan digna de ser amada y muy amada, pero yo no puedo más, y la fuerza de este amor es lo que me hace sufrir tanto al saber que mi Madre sufre, y no poder remediarlo y careciendo del consuelo de estar a su lado; eso es muy duro… Pero lo que más cuesta más vale; y se lo ofrezco todo al Amadísimo de nuestras almas, Jesús. Pero si al menos le concediera la salud que tanto le pido, pues los disgustos y sufrimientos me parece que son perlas y joyas con que el Señor quiere adornar la corona tan grande que le tiene preparada, y como me han profetizado que mientras viva tiene que sufrir mucho, ya no pido la libre el Señor de ellos, sino que le dé paciencia, resignación y fortaleza...”