Hermana Saturnina Carlón Blanco (1915-1938)


H. Saturnina Carlón Blanco (1915-1938) con uniforme de colegiala
y el hábito de Hija de Jesús

Saturnina Carlón Blanco nació el 16 de octubre de 1915 en Villacid de Campos (Léon, España). Durante doce años fue una flor silvestre, criada en el campo, perezosa en los estudios y con un carácter de niña consentida y presumida que hacía a veces difícil la convivencia con ella. No era especialmente piadosa, lo normal para una niña de entonces. Buscando sus padres domar a aquella fierecilla y ayudarla en la formación intelectual que venía lastrando, en abril de 1927 la ingresan como interna en el colegio de las MM. Cistercienses de Santa María la Real de Huelgas en Valladolid. Durante su estancia en aquel internado se obró en ella la gracia divina, y Saturnina comenzó a experimentar en su alma una atracción total hacia Jesús. Cambió su carácter, sus costumbres, aplicándose con esmero en los estudios y la vida de piedad, siendo queridísima por sus compañeras colegialas y las monjas.

Colegio Sagrada Familia (Valladolid)

Resuelta a estudiar, y para que pudiese acceder a la universidad, fue matriculada en el colegio de la Sagrada Familia de las Hijas de Jesús en Valladolid. Allí despuntaron sus grandes amores: la Virgen Inmaculada y las misiones de China, misiones recientes de las Hijas de Jesús por las que Saturnina sintió una irresistible predilección. Decidida a entregar su vida a la causa misionera, primando ante todo lo que la obediencia dispusiese, ingresó con 19 años al noviciado de Salamanca el 28 de junio de 1934. El 12 de octubre tomó el santo hábito y a primeros de mayo de 1936 las novicias, junto a la Madre Maestra M. Carmen Beltrán de Heredia (connovicia de la Beata Antoñita Bandrés), se trasladan a Alcains (Portugal) debido a la inestabilidad política y a los continuos crímenes cometidos contra la Iglesia y en particular contra los religiosos. A los pocos días de este traslado fallecía el 14 de mayo por bronconeumonía fulminante la Rvdma. Madre General Eloísa Andrés del Pozo.

Capilla interna del Noviciado del Sagrado Corazón de Jesús (Salamanca)

La Guerra Civil se declaró en julio de aquel año de 1936, y tomada Salamanca por el bando nacional, el noviciado pudo regresar del destierro el 11 de septiembre. La H. Saturnina realizó su profesión temporal el 12 de octubre y a partir de ese mismo día se le declara un princio de enfermedad. Comienza a toser de manera intermitente... ¿Jesús ha aceptado “el sacrificio en olor de suavidad” de la H. Saturnina? A finales de diciembre se le diagnosticó bronconeumonía, y vio claro lo que hasta entonces solo había intuido, que su fin en esta vida estaba próximo, y ofrendó a Jesús y María el obsequio de su enfermedad, la renuncia al apostolado en las misiones... todo lo entregaba y se conformaba a la Voluntad Divina. Su alma se vio inundada de gracias y de gozo indecible durante el año y medio que guardó reposo y cama en vistas a una recuperación que nunca llegaría. Paz y unión con el Señor y la Virgen caracterizaron los meses de enfermedad de la H. Saturnina.

El 8 de diciembre de 1937, tras unos episodios de vómitos y fiebres, pensando las Superioras que el final estaba cerca, la Rvdma. Madre General Magdalena Inibarren (connovicia de la Beata Antoñita Bandrés y testigo de su enfermedad y ejemplar tránsito) concedía a H. Saturnina la gracia excepcional de profesar los votos perpetuos. Esto llenó aún más de paz el corazón de la joven enferma, que tan devota de Santa Teresa del Niño Jesús, supo que su destino sería emular a aquella haciendo el bien sobre la tierra, y en especial sobre el apostolado y vida de la Congregación, desde el Cielo. Sería misionera desde el Paraíso, como Teresita.


Creía H. Saturnina que su Santísima Madre vendría a buscarla en uno de los días especialmente consagrados a Ella en el calendario litúrgico... pero desistió también de este anhelo al ver que las festividades marianas se sucedían y ella seguía con vida. Finalmente fue el Hijo quien vino a buscar a su Esposa en las Vísperas del Sagrado Corazón de Jesús, patrono del noviciado y titular del Instituto de las Hijas de Jesús. Era el 23 de junio de 1938 cuando H. Saturnina entregaba el alma, con suavidad y paz, y comenzaba su apostolado en la Comunión de los Santos. Tenía 23 años.



Biografía de la H. Saturnina Carlón Blanco

Trinidad Monasterio: Una flor de la Virgen. La Hermana Saturnina Carlón, Hija de Jesús.
Madrid, 1945.

El himno MIL ALBRICIAS


“Nosotras también hicimos fiestas; aquí, en el Noviciado, 
la tuvimos el día 7 de diciembre, después de la Novena, 
y en el colegio el día 15; todo con mucha solemnidad. 
Gloria sea dada a Dios y a nuestra Purísima Madre”. (M. Cándida)

El Himno Mil Albricias tiene sorprendentemente su origen en la isla de Guam. Guam pertenece a las llamadas Islas Marianas del Pacífico, nombre que les fue dado en 1668 en honor a la Reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV de España. Fernando de Magallanes incorporó la isla de Guam a la Corona Española en 1521, hasta que los Estados Unidos de América se apoderaron de ella en 1898, expulsando al último gobernador español. Los habitantes de Guam son denominados “chamorros” y entre sus hijos ilustres destaca el P. José Bernardo Palomo Torres (1836-1919), el primer oriundo de Guam ordenado sacerdote en 1859.

P. José Bernardo Palomo Torres 

En algún momento comprendido entre 1859 y 1871 el P. José Bernardo compuso el himno “Mil Albricias” para ensalzar la gloria de la Virgen María cuyo dogma de la Inmaculada Concepción había sido proclamado por el Beato Pío IX en 1854. El himno fue compuesto en castellano, y forma parte de una serie de cantos religiosos que el sacerdote compuso para diversas parroquias de la isla. Tras la invasión de los Estados Unidos, este himno, y otros compuestos en castellano, fueron olvidándose en favor del inglés y de la propia lengua chamorra. Hasta mediados del s. XX el Mil Albricias seguía siendo cantado por algunas comunidades de fieles atendidas por religiosos españoles. Luego cayó totalmente en el olvido, hasta entrado el s. XXI en que fue traducido al inglés y retomado en algunas parroquias.

Mil Albricias original del P. José Bernardo

Mil Albricias al siglo presente,
Pío Nono se llena de honor,
pues proclama del trono docente,
toda Pulcra es la Madre de Dios.

Disputaban los siglos el hado
de escuchar la divina sanción,
que fijase cual dogma sagrado
la impoluta sin par Concepción.

El tesoro celeste sellado,
este arcano divino encerró.
Pero al fin Pío Nono inspirado
con sus célicas llaves lo abrió.

Mil Albricias al siglo presente,
Pío Nono se llena de honor,
pues proclama del trono docente,
toda Pulcra es la Madre de Dios.

Once lustros contaba la centuria,
cuando Pío los sellos rompió,
y al clamar que María era Pura
todo el orbe de luz se inundó.

Suenan harpas de eterna armonía.
El abismo al oirlas bramó.
Mas la tierra aclamaba a María,
¡toda Pura más bella que el sol! (x2).

Mil Albricias al siglo presente,
Pío Nono se llena de honor,
pues proclama del trono docente,
toda Pulcra es la Madre de Dios.

Seguramente el Mil Albricias llegó a España de la mano de misioneros del Pacífico, probablemente Agustinos Recoletos o Jesuitas. En España tuvo cierto predicamento en algunas comunidades religiosas y también se encuentra presente en algunos cantorales parroquiales. Felizmente en las Hijas de Jesús podemos decir que el Mil Albricias encontró un hogar estable. Desconozco la fecha exacta en que el himno se cantó por primera vez en la Congregación o si la Madre Cándida llegó a conocerlo. Lo que está claro es que se popularizó en los colegios de las Hijas de Jesús, convirtiéndose en un himno común que aúna y congrega en un mismo sentir de fervor mariano a religiosas, alumnos, antiguos alumnos y amigos de la Congregación.

Capilla del colegio Stella Maris de Almería (1960) 

Mil Albricias que se canta hoy en los colegios de las Hijas de Jesús

Mil Albricias al pasado siglo,
Pío Nono se llena de honor,
pues proclama cual dogma sagrado,
toda Pura es la Madre de Dios.

Disputaban los siglos la dicha
de escuchar la divina sanción
que fijase cual dogma sagrado
la muy Pura y sin par Concepción.

Mil albricias al pasado siglo,
Pío Nono se llena de honor,
pues proclama cual dogma sagrado,
toda Pura es la Madre de Dios.

Once lustros contaba ya el siglo
cuando Pío los sellos abrió,
y al clamar toda Pura es María
todo el orbe de luz se inundó (x2).

Mil albricias al pasado siglo,
Pío Nono se llena de honor,
pues proclama cual dogma sagrado,
toda Pura es la Madre de Dios.


Mis recuerdos de la Inmaculada



“Tú eres toda hemosa, oh, Madre del Señor; Tú eres de Dios gloria, la obra de su amor”... Ésta es una de las primeras canciones en honor a María que aprendí en el colegio; la primera en mi cuaderno de cantos que, con letra infantil y temblorosa, intentábamos copiar al dictado de la M. Carmen D. Copiábamos y cantábamos, y así aprendíamos de memoria aquellas canciones religiosas que hoy aún recuerdo letra a letra, y que muchas veces me sorprendo inconscientemente tarareando...

Aquellas clases de canto de la primaria (de la etapa preescolar escasamente me acuerdo) se intensificaban a medida que se aproximaba el mes de diciembre, el mes de la Inmaculada, junto al 31 de mayo dos festividades de relevancia en el calendario escolar. Echando la vista atrás, a aquellos años de vida colegial, lo primero que me llama la atención es el “tiempo” que se invertía para preparar la fiesta de la Inmaculada. Para amar algo hay que dedicarle tiempo, y nosotros dedicábamos tiempo, con esfuerzo e ilusión, para preparar la fiesta del colegio; que por cierto tiene por titular a la Inmaculada Concepción. Además del maratón de cantos de las semanas previas, preparábamos los corchos de las clases con motivos marianos, los pasillos, y en el hilo musical del colegio sonaba por la mañana antes de entrar a las aulas canciones religiosas marianas... En este ambiente todo el colegio “olía y sabía a María”... Siendo niño vives estas experiencias con gran inocencia y fe absoluta, y con sensación de estar preparando una fiesta sorpresa a Nuestra Madre del Cielo. Así lo vivía yo estos primeros años y también mis compañeros de clase. Por eso todo debía salir bien. Y para que esto fuese así, tiempo, y tiempo dedicábamos para preparar la fiesta de la Madre de Jesús y Madre nuestra. Si lo hacíamos con nuestros familiares y amigos, ¿cómo no hacerlo con la que era “Reina de nuestras almas, flor de las flores”? Así el colegio cultivaba en nosotros la piedad mariana desde la infancia, hacia una relación personal basada en el amor sensible y afectivo hacia la Virgen. Nada de improvisaciones ni devoción superficial.

Disfrutábamos mucho ensayando la obra teatral sobre la vida de la Madre Cándida. En un “tocadiscos” un vinilo ponía la música de ambiente y la voz del narrador, y los alumnos ensayábamos los diálogos de los personajes. ¡Como para no conocer la vida de nuestra Fundadora! Año tras año la función se repetía modificándose para adaptarla a la edad conforme crecíamos. Me impresionaba mucho contemplar los ojos profundos y exprevisos de la Madre Cándida desde su retrato del salón de actos, mientras aquellos niños con mucha seriedad y también risas intentábamos comunicar su mensaje a través de aquella función teatral rudimentaria, pero encantadora y llena de verdad. Yo fui desde “árbol” o “piedra” hasta el “P. Herranz” que me tocó un año. Durante aquellos ensayos nos visitaba a menudo la M. Concepción, que ya era mayor, y que decían era en verdad la propia Madre Cándida... ¡Bendita inocencia!

En aquellos años la comunidad religiosa del colegio era numerosa. ¡Había Hijas de Jesús por todas partes! No me voy a referir a lo fundamental que es la presencia de la religiosa-testigo-educadora en el colegio (con esto ya lo he dicho todo). Quiero señalar que la presencia de tantas Hermanas, jubiladas o no, pero activas, dotaba a la vida escolar de un sello de autenticidad y calidad religiosa y humana que al menos para mí, y como lo fue para generaciones anteriores, fue una bendición. Y que no me digan que es lo mismo que el espíritu carismático aletee sobre el colegio a través de la misión compartida, de los laicos comprometidos, etc, por que no es lo mismo. Salí con 18 años del colegio y algunos profesores laicos que comparten hoy la “misión” deben haberse convertido a lo San Pablo, porque recuerdo como si fuera ayer las confidencias que se comparten en un aula con adolescentes sobre diversas cuestiones, incluida la religión, las “monjas”, etc. Pero no es éste el tema.

Una cosa que me llamaba la atención es que para ese día se pedía a los colegiales cambiar las medias y calcetines verdes por blancos, llevar camisa y no polos, y las niñas lazos blancos en el pelo. Algo así como si fuera un uniforme de gala. La rutina del uniforme se alteraba para esa fiesta... ¿No nos vestimos de manera especial para determinados acontecimientos o visitas? Pues eso mismo, y a mí me parece estupendo, para recibir a aquella presencia maternal que se hacía más palpable en los albores de diciembre. En mitad de mi secundaria esta tradición se suprimió. A mí me ha quedado el gusto por la uniformidad. Se habla mucho hoy de lo importante que es el signo-símbolo y lo que transmite, pero son “cosas del pasado” he oido decir a no pocas religiosas...

Al salir al recreo de mediodía, se percibían las ondas del órgano de la capilla... La M. Carmen A. ensayaba el himno “Mil Albricias”, ese himno en honor a María a raíz de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción que nos une a los colegiales de las Jesuitinas. Mis quince fiestas de la Inmaculada en el colegio fueron siempre con el canto del Mil Albricias sostenido por el órgano; felizmente nunca lo canté con el guitarreo. Cuando ya fui creciendo acompañé muchas veces a la M. Carmen en aquellos ensayos. Me escapaba del recreo y acudía a su encuentro. De aquellos momentos guardo recuerdos gratísimos, de conversaciones profundas, de escucha de las cosas que me contaba, de respuestas a mis interminables preguntas, de oración sincera... y la partitura del himno para órgano que ella me fotocopió y que guardo como un teroso... tesoro que he compartido por ejemplo con algunas monjas de clausura con las que tengo relación y que han incorporado el himno a su repertorio mariano. En aquellos años aún hacíamos genuflexión al entrar en la capilla y en absoluto silencio. De cómo veía yo el entrar en la capilla y permanecer en ella a los alumnos cuando era niño, a cómo era la situación cuando salí con 18 años hay un mundo... como si una apisonadora hubiera arrasado con aquella pedagogía mistagógica que desde niños nos introducía en el Misterio. ¡Que no es lo mismo entrar al patio que a la capilla!

No tengo los recuerdos idealizados ni magnificados... Recuerdo palabras, gestos y acciones con total nitidez. Y recuerdo cambios, novedades, y una merma en el sentido religioso de la fiesta de la Inmaculada que se fue simplificando, simplificando... Quitando esto, quitando lo otro... De adulto acudí en alguna ocasión como antiguo alumno a la fiesta de la Inmaculada, hasta que las Hermanas que me educaron y transmitieron la fe fueron pasando al descanso eterno. No he vuelto más.

Cantos marianos, funciones de teatro sobre la vida de la Madre Cándida, oraciones, obsequios a María, la Santa Misa solemne, el decoro y la compostura (EDUCACIÓN) en la capilla, Mil Albricias con el órgano, religiosas y colegiales juntos, competiciones deportivas... Los días de la Inmaculada fueron para mí la guinda que coronaban aquellos que fueron mis años más felices de vida en el colegio. ¡Mil albricias Señor, María, Hermanas y compañeros!

Verdaderas Hijas de Jesús: Madre María Clavo Sampedro (1923-2016)



La Madre María Clavo Sampedro nació el 9 de febrero de 1923 en Arévalo (Ávila). En su pueblo natal tuvo la dicha de asistir al colegio fundado por la Madre Cándida María de Jesús en 1886. El trato con las religiosas hizo nacer en ella el propósito de entregar su vida a la causa de Jesús e ingresó en el noviciado de las Hijas de Jesús en Salamanca en 1942, dos años después de que el colegio de Arévalo fuera clausurado.

En su formación y durante parte de sus años como joven religiosa tuvo la fortuna de conocer a aquella insigne generación de Hijas de Jesús que habían conocido y tratado a la Madre Cándida y a las primeras Jesuitinas. Ellas legaron a la Madre María el tesoro del carisma de la Congregación y con la gracia divina moldearon en su alma el ser verdadera Hija de Jesús. Madre María siempre se mantuvo fiel a lo que sus predecesoras le enseñaron como fundamentos de la vida religiosa, y tal vez por ello fue tan amada en vida por quienes la conocieron; porque fue una Hija de Jesús tal como la Madre Cándida deseaba, y esto, los fieles lo “notamos”.

Comunidad de Hijas de Jesús de Elche, años 50

Castellana de nacimiento, con 28 años es destinada al grupo de religiosas que fundarían el colegio de Elche en 1951. Aquí encontró su hogar, entre la buena gente ilicitana, y en Elche discurrió el resto de su vida entregada a la educación católica de los pueblos y el mayor provecho del prójimo. Vinieron a fundar a Elche por mediación de Doña Rosa Salmerón, antigua alumna del colegio de Almería (fundado en 1944), que vivía en Elche y deseaba la presencia de las Hijas de Jesús para la educación católica de la niñez y juventud. Heroicas aquellas religiosas que acudían donde se las necesitaba, confiadas en la Providencia que nunca les faltó, pero que vivieron situaciones de verdadera necesidad y estrecheces económicas, sacrificándose ellas mismas para que a las colegialas no les faltara lo indispensable. Si supiéramos la historia de la fundación de los colegios nos quedaríamos impresionados de la abnegación y espíritu de pobreza de aquellas religiosas... Con el paso de los años las Hijas de Jesús fueron ampliando la oferta educativa (párvulos, jardines, elemental, escuela de Magisterio, clases nocturnas para obreras, etc.) y mejorando la infraestructura del colegio Santa María.

Casita del reloj del colegio Santa María de Elche

La labor docente y evangelizadora de la Madre María en Elche fue con los pequeños. Su trabajo apostólico con los párvulos y escolares de tres y cuatro años, permite asegurar que generaciones de ilicitanos aprendieron a leer y escribir con ella. Y también a amar a Jesús, con aquellas primeras oraciones de la mañana... Durante más de veinte años impartió sus clases en un aula exenta conocida en el colegio como "la casita del reloj"; y allí acudían los niños gozosos y felices al encuentro de Madre María que se los supo ganar a base de sonrisas, dulzura y bondad. Como fiel Hija de Jesús no tenía otro deseo que ganar almas para Dios. Preparaba con amor y esmero la capilla colegial para las celebraciones litúrgicas, entregaba a los niños estampas de Antoñita todos los 27 de abril, escuchaba las penas y alegrías de los adultos, rezaba por todos y fue testimonio de entrega absoluta al Señor hasta el fin de su vida terrena.


Tras jubilarse a finales de los 90, continuó estando ahí, no podía ser de otro modo porque esta era la vocación de su vida. Ayudando en la portería, haciendo presencia en el colegio y entre los colegiales, apoyando a sus niños con la lectura hasta que el Señor la llamó a sus 93 años. Falleció el 7 de marzo de 2016, provocando su fallecimiento un aluvión de muestras de condolencias y cariño entre el pueblo ilicitano. Tal vez su vida no tenga nada de extraordinario... puede ser. Lo extraordinario en estos tiempos, es que fue e hizo lo que debía ser y hacer, sin dobleces ni medias tintas. Este testimonio nos sirva para rendir homenaje a tantas Hijas de Jesús que pasaron por nuestras vidas haciendo el bien, sembrando el amor de Jesús, compartiendo su experiencia de encuentro con el Resucitado, siendo testimonios de vida religiosa, presencias reales del espíritu de nuestra Madre Cándida... ¡Mil albricias por tu vida auténtica y fiel Madre María!


Verdaderas Hijas de Jesús: Hermana Engracia Oyarbide Maiz (1919-2017)



En un caserío de Alzo, cerca de Tolosa, en la primavera de 1919, el 16 de abril, nacía Engrasi; en una familia similar a aquella de Kale Txiki de Andoain. También en Alzo se expresaba la fe en el rezo familiar: el “Aita gurea” y “Agur Maria” mecían a modo de nanas las continuas cunas de aquella familia numerosa: Eusebia, Engracia, Bernardina… y demás hermanos. No es de extrañar que Eusebia, la mayor, marcara ruta de un seguimiento radical de Jesús, y encontrara su sitio en el noviciado de las Hijas de Jesús de Tolosa. Pronto fue enviada a Argentina. La pequeña, Bernardina, también Hija de Jesús, murió en Tolosa. Engrasi siguió el camino de su hermana Eusebia y el 28 de mayo de 1945, cuando toda la Congregación festejaba el centenario del nacimiento de la Madre Fundadora, ingresaba en el noviciado de Tolosa.

Emitidos los primeros votos, fue destinada a Valladolid, Santiago de Compostela, Bilbao y Pitillas. De nuevo Valladolid y Bilbao, y aquí permaneció 45 años hasta su traslado a la casa de HH. mayores de San Sebastián, cuando se cerró la comunidad del colegio de Bilbao en 2010. Los datos del archivo son elocuentes: su misión, 67 largos años sin otra tarea que la cocina, y a veces también la huerta. Tuvo gran ánimo y liberalidad para el penoso trabajo de la cocina, con responsabilidad y gestión eficaz.

La conocimos en Zabálburu (sede del antiguo colegio de Bilbao), en sus años jóvenes. Situación casi de fundación; vivencia de gran pobreza, penuria y carencias importantes. Mientras sus Hermanas Maestras daban clase y formaban el espíritu misionero de las colegialas (siete Hijas de Jesús partieron para misiones en pocos años), las HH. Engracia y Caya Apesteguía, en aquellos tiempos difíciles, transformaban en golosinas de pastelería los productos alimenticios que llevaban las alumnas. Comedias, venta de chucherías… que se transformaron en dólares para nuestras incipientes misiones de China (Pekín, Thiensing, Anking, Shanghai...).

Desde 1951 su destino fue Bilbao y así se trasladó al nuevo colegio de Artxanda en 1966. La media pensión del alumnado, supuso arreciar el trabajo. Y llegada la vejez, a duras penas admitió que la reemplazaran en la cocina. Ella seguía allí ayudando a las seglares que la reemplazaron, enseñándoles y queriéndolas. ¡Qué calidad de relación mantuvo con ellas y cómo la recuerdan!

Las que hemos tenido la suerte de convivir con Engrasi la emulamos. Religiosa de recias convicciones, vivió como “verdadera Hija de Jesús”, sin llamar la atención. Espíritu misionero, amor a la Eucaristía y entrega incondicional a sus HH. También gran libertad y dignidad de espíritu la caracterizaron, en continua actitud de servicio, sin caer en servilismos. Fuerte personalidad que, desde la atalaya de la cocina, sabía calibrar los avatares congregacionales con una intuición y prudencia que nos sorprendían. Permanecía callada. Pero escuchaba, veía e intuía. Y simplemente, a veces, hacía alguna pregunta… nos descolocaba… había dado en la diana. Ahí quedaba en el aire la pregunta de Engrasi que nos hacía reflexionar.

Sin recursos culturales (ingresó como Hermana Coadjutora), pero profunda en el conocimiento de las personas. Mirada penetrante y filosofía casera: “Hay que estar” repetía cuando quería remachar la importancia de la experiencia en los eventos cotidianos.Cómo la recordamos, de pie, acodada al quicio de la puerta, atenta a los debates televisivos, en actitud interactiva. Sabía callar. Y hablar cuando procedía. Prudente al expresarse. Nada sabía de ecología y medio ambiente… Pero cómo cuidaba de sus árboles, a cada uno, aprovechando la verdura inservible de la cocina, como abono vegetal, para alimentar aquellas raíces que amenazaban claudicar. De su caserío de Alzo, de niñez, le venía su preocupación ecológica. Reciclaba los alimentos, que aparecían como nuevas recetas en platos ulteriores. Siempre atenta de alimentar bien a las HH., cuidando atentamente de que a las que llegaban tarde no les faltara nada.

Verdadera Hija de Jesús, educó desde la cocina, sin precisar títulos universitarios. Es el sentir de un antiguo alumno que, desde su niñez, queda marcado por la actitud de Engrasi:

“… cuando entré en el colegio con tres años la Hna. Engracia ya estaba allí; cuando salí con 18 años, allí seguía. 98 años de vida le ha dado el Señor, de vida escondida pero fructífera... la recuerdo en el colegio… en la cocina de la comunidad… a la Hna. Engracia le gustaba que fuera y así lo hacía notar cuando me recibía con un beso y algunas galletas o chucherías que tenia por la cocina… Nunca se dedicó a la docencia en las aulas, sino a labores de tipo doméstico… Pero educar, educaba. Educaba en la fe con su testimonio tanto a alumnos como a religiosas. Mujer increíblemente trabajadora y más increíblemente alma de oración. De acogida generosa, ojos de mirar profundo… Era de las religiosas que hablaban de Jesús, de la Virgen, de la M. Cándida… sin complejos. Gracias por tantos años de acompañamiento silencioso en el colegio desde el trabajo y oración… por tu finura pedagógica para soportar muchas veces los ímpetus juveniles… Pequeñita en tamaño, ¡eras grande en espíritu y corazón!”
 
Las limitaciones y dependencias inherentes a la vejez, hicieron que Engrasi recibiera un nuevo destino, la casa de HH. mayores de San Sebastián. Allí permaneció como era. Con su libertad de espíritu… tal que para algunas HH. podría parecer “sorguiña” (brujilla). No. Simplemente mantuvo esa fuerte personalidad; pero quizá sin las capacidades de una mente clara y voluntad equilibrada. Entre cabezadas, paseos al aire libre… no había quien la parara… y musitar de rosarios pasaron los últimos siete años de su vida. Y cómo nos dolía cuando ya su mente se negaba a reconocernos a las que tanto la queríamos por tanto bien que nos hizo desde su sentido común, trabajo bien hecho, y relación cálida de hermana mayor. ¡Te seguimos emulando Engrasi!

Nos dejó el 20 de mayo de 2017 casi sin dar quehacer de enfermedad, discretamente, como había pasado por la vida. Jesús te espera diciéndote: “… tuve hambre y me diste de comer…”. Es promesa de Jesús. ¡Entra en el gozo de tu Señor!

H. Mª Teresa Zugazabeitia FI, mayo de 2017

* Testimonio de un A.A. sobre la Hermana Engracia:

El 21 de mayo de 2017 fallecía en la casa-enfermería de las Hijas de Jesús de San Sebastián (Gipuzkoa, España) la Hna. Engracia Oyarbide Maiz, de 98 años de edad. Yo creo que cuando entré al colegio con tres años la Hna. Engracia ya estaba allí; cuando salí con 18 años ahí seguía. 98 años de vida le ha dado el Señor; de vida escondida pero fructífera, como me decía una religiosa al hablar de su fallecimiento. Al saber de su muerte mis sentimientos no fueron de pena por ella, pues seguro que goza ya de la compañía de Aquel que desde bien joven la quiso para sí y le dio la vocación de Hija de Jesús. Me ha impactado porque con ella tengo la sensación de que se termina para mí una generación de Hijas de Jesús que mucho tuvieron que ver en mi vida de fe y en los valores religiosos y humanos que procuro vivir. Siempre estuvo en el colegio, de siempre la recuerdo en la cocina de la comunidad donde solía acudir cuando alguna otra religiosa me llevaba a aquel “misterioso lugar del colegio donde vivían las monjas”. Ya más mayor me gustaba ir a la comunidad para hablar con algunas Hermanas. Y a la Hna. Engracia le gustaba que fuera y así lo hacía notar cuando me recibía con un beso y algunas galletas o chucherías que tenía por la cocina.

Ingresó como Hermana Coadjutora en las Hijas de Jesús por lo que nunca se dedicó a la docencia en las aulas, si no a labores de tipo doméstico en la cocina, sacristía y oficios similares. Pero educar, educaba. Educaba en la fe con su testimonio tanto a alumnos como a religiosas. Mujer increíblemente trabajadora y más increíblemente alma de oración. De acogida generosa, ojos de mirar profundo como los de la Madre Fundadora a quien tanto quiso, y de convicciones profundas y sólidas sobre su vocación y la vida religiosa. Cuántas conversaciones amenas tuvimos sobre este tema, sobre la Madre Cándida, la historia de la Congregación, el Evangelio... Era de esas religiosas que hablaban de Jesús, de la Virgen, de la Madre Cándida... sin temores, sin verguenzas, sin respetos humanos... era religiosa consagrada a Cristo y así lo manifestaba y lo daba a los demás.

Querida Hna. Engracia, gracias por tantos años de acompañamiento silencioso en el colegio desde el trabajo y la oración; gracias por tu acogida y testimonio; por tu saber hacer y tu finura pedagógica para soportar muchas veces los ímpetus juveniles y desbocados del que escribe esto... Yo tenía mi grupo predilecto de religiosas en el colegio... me gustaba tratar con las que hablaban de Jesús y María, con las que a uno le recibían con los brazos abiertos, con las que evangelizaban desde el mensaje explícito de que en Jesús todo lo tenemos, con las que no se escondían ni se hacían las “modernas” para caer bien a los colegiales, con las auténticas y verdaderas Hijas de Jesús. Ya vais yendo todas las de aquel grupo, “resto de Israel” que decía la Madre Carmen Aspiazu, hacia el encuentro con el Amado. Disfrútalo y sigue intercediendo por nosotros desde el Cielo. ¡Pequeñita en tamaño, eras grande en espíritu y corazón!

En fin, solo quería compartir esto con vosotros. Muchos y muchas me habéis escrito hablando de esas Hijas de Jesús que fueron especiales en vuestras vidas colegiales y más allá. Este pequeño gesto de cariño para la Hna. Engracia se extiende a todas ellas; en mí para aquellas que ya no están entre nosotros: Carmen, Concepción, Carmina, Filipa, Tomasa, Carmen, Margarita, Rosario... y para las que siguen ofreciéndose desde la vejez o la enfermedad: María Dolores, Carmen, María Dolores, María Teresa, Mercedes, María Luisa... gracias!!!

Elogio a la Madre Cándida María de Jesús



Madre Cándida María de Jesús, fuiste siempre cera blanda y pura en las manos de Dios. Tu vida discurrió llena de concordia y de bondad sobrenatural. Nunca tuviste pretensiones humanas y, sin embargo, con tu disponibilidad y celo, construiste una obra educadora hermosa y apostólica para la educación de las niñas en el ideal de tu vida: Jesús.

La misma humildad empleaste en firmar la compra de una casa para colegio que en enviar a alguna de tus comunidades un saco de garbanzos o un libro de devoción. Puesta siempre en la Presencia Divina, a todo dabas la misma importancia, pues tu vida entera a Él estaba consagrada, en las grandes empresas y en lo cotidiano de la vida. Tu sencillez encantadora se proyectaba a todas tus acciones y contagiaba a tus hijas y a quienes la Providencia puso en tu camino.

Tu sensibilidad moral se extremó cuando tuviste que tratar con tus hijas enfermas y con todos los que sufrían, pues sabías por experiencia lo que en la vida de los hombres significa el dolor. No fue sólo el sufrimiento físico el que abría tus grandes manantiales de compasión, sino también el tormento interior, moral y espiritual, de quienes lloraban cerca de ti. Sabías mitigar las penas con singular tacto y convertirlas en camino de santidad.

Siempre aspiraste a que la obra que el Señor te indicó fuera una siembra ininterrumpida de la Verdad de Cristo. Tu ilusión estaba en tus maestras y alumnas. Querías que conocieran y amaran cada vez más a Jesús, que fueran en plenitud y verdad "hijas suyas". Tu gran afán por la educación no quedó recogido en obras escritas, pues eras sencilla y modesta en tus afanes. Pero dejaste tu mensaje grabado con letras de oro en una legión de almas selectas, que fueron las "Hijas de Jesús". Ellas constituyen tu mejor libro de educación y el reflejo de tu amor por el Evangelio de Jesús.

A.M.D.G.

Ceremonial de las Hijas de Jesús I


Comunidad de Hijas de Jesús de Tolosa (1941).
En Tolosa hubo noviciado, fundado por la Madre Cándida.
De ahí la presencia de postulantes y novicias en la imagen.

Ya desde los orígenes de la Congregación de las Hijas de Jesús, el 31 de mayo ha sido una fecha para celebrar, dar gracias y ofrecerse de nuevo al Amor primero. El 31 de mayo es para todos los que formamos parte de la Familia Jesuitina el cumpleaños de la Madre Cándida María de Jesús. La propia Madre Cándida celebraba con sus Hijas este día, consagrado también a la Madre del Amor Hermoso. Un 31 de mayo de 1872 fue el día elegido para que la Madre y las primeras tomaran el hábito religioso, y fue tradición por años que en este día (también el 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción) se celebraran en la Congregación las tomas de hábito de las novicias, y por consiguiente las profesiones temporales y perpetuas de tantas religiosas. En las Constituciones primitivas de las Hijas de Jesús, elaboradas por la Madre Cándida y aprobadas por el Papa León XIII el 18 de septiembre de 1902 (Constituciones aprobadas definitivamente con modificaciones accidentales el 3 de diciembre de 1912, revisadas y aprobadas el 31 de mayo de 1931, y ajustadas a la realidad de Provincias y aprobadas el 7 de diciembre de 1949, y publicadas en 1952) hay una sección de Ceremonial donde discurre el propio de las Hijas de Jesús de toma de hábito, primeros votos, renovación de votos y votos perpetuos. Este ceremonial estuvo en vigor hasta la aprobación de las nuevas Constituciones de 1983. Por lo tanto, con este ceremonial la mayoría de las Hijas de Jesús tomaron el hábito y profesaron sus votos religiosos.

Imposición del hábito religioso

396 /4. Se tendrá preparado, en la credencia o en una mesa al lado de la Epístola, el hábito completo, una bandeja y unas tijeras. El sacerdote que lo haya de imponer, revestido con capa o con sola la pelliz y estola, llamará a la postulante, la que, acompañada de la Madre Superiora o de la que haga sus veces, y de la madrina, si la hay, y Maestra de Novicias, se acercará al pie del altar para recibir el hábito religioso. El sacerdote, después de hecha una pequeña exhortación, si lo creyera conveniente, dirá:

Sacerdote: Acércate, Hija de Jesús, y puesta en la Divina Presencia, delante de la Virgen Santísima, de todos los Ángeles y de todos los Santos, ofrécete en holocausto a tu Dios y Señor que te crió, te redimió, te conserva en su Iglesia y te llamó a esta Congregación.

Postulante: El Señor sea siempre bendito y alabado.

Sacerdote: (Cortando con las tijeras un poco de cabello a la postulante)- Así como te despojo del cabello, adorno de tu cabeza, ¿renuncias a todas las pompas y vanidades del mundo, y renuevas los votos que hiciste en el santo bautismo?

Postulante: Renuncio y renuevo.

Sacerdote: (Sobreponiendo el hábito, que acabarán de poner la Madre Superiora y la Maestra de Novicias)- La Virgen Purísima te vista el hábito de la mortificación, para que con su ayuda refrenes todas tus pasiones y dirijas tu corazón y todos tus afectos sólo al servicio y gloria de Dios.

Postulante: Así sea.

Sacerdote: (Entrega el ceñidor que le pondrá la Madre y la Maestra de Novicias)- Cíñate la Santísima Virgen con el cíngulo santo para que cultives y conserves las preciosas virtudes de la pureza y castidad.

Postulante: Así sea.

Sacerdote: (Al imponer la toca)- Purifique el Señor tu alma y te vista de la vestidura de la inocencia y la santidad.

Postulante: Así sea.

Sacerdote: (Al imponer el velo)- La Santísima Virgen sea tu amparo y protección y te cubra con su santísimo manto.

Postulante: Bendita y alabada sea su pureza.

Sacerdote: (Al entregar el rosario)- Recibe el santo rosario, prenda de la devoción a la Santísima Virgen, porque es tu Madre, tu refugio y tu esperanza.

Postulante: Bendita y alabada sea su pureza.

Sacerdote: (Al entregar el crucifijo)- He ahí tu Divino Esposo y tu Modelo. Abrázalo. En Él sólo encontrarás las verdaderas delicias y consuelos si vives con Él crucificada.

Postulante: Yo lo recibo y me consagro de todo corazón a su santo servicio.

Después se retira la postulante con la Madre Superiora y la Maestra de Novicias para ponerse bien el hábito, y vuelve para asistir a la Santa Misa y comulgar en ella.

III. 27 de abril: Fiesta de la Beata María Antonia Bandrés Elósegui, "Antoñita"



Oración de Antoñita

“A tus plantas postrada, oh Jesús mío, he hecho mi entrega total a Ti. Me diste una voluntad, mas ya no es mía, pues a Ti te la entregué con las demás potencias y sentidos, los cuales te pido me des gracia para que siempre sean tuyos. Que nada de este mundo me aleje un solo instante de Ti, pues con toda la generosidad y ánimo que poseo me he dejado en tus manos. Jesús mío, haz de mí lo que quieras, porque sé que me amas.

En Ti dejo a mis padres, hermanos y parientes. Te ruego nos encierres a todos en tu Sagrario y también te pido que si no hubiese de sacar fruto de los santos ejercicios, me proporciones algo que me impida hacerlos, más con tu gracia espero serán muy fructuosos. Jesús, no me abandones. Jesús me quiere, nada me faltará”.

Oración a Antoñita

Señor, Tú has dicho: “El que quiera venir en pos de Mí, tome su cruz y sígame”; y diste a la Beata María Antonia la gracia de serte fiel hasta el sacrificio heroico por el bien de los hombres. Concédenos valentía para que siguiendo su ejemplo entreguemos nuestra vida al servicio de la Iglesia. Amén.

II. 27 de abril: Fiesta de la Beata María Antonia Bandrés Elósegui, "Antoñita"



A María Santísima

“¡Cubre Señor mis grandes miserias con las perlas de las virtudes de María, y mora tranquilo aquí en mi pobre corazón, que Ella misma ha adornado para que en él reposes sin lastimarte! Aprieta esta mi pobre alma contra la tuya de azucena, y blanquéala, purifícala, cristalízala, Jesús, mi amado Jesús, para que refleje en su fondo siempre, siempre una hostia consagrada”.

“Mañana voy a comulgar. Oh dulce Virgen María, para unirme con Jesús, preparad el alma mía”.

“Yo me abrazo a la cruz, asida del manto de mi Madre, y me ofrezco a la humillación, al sacrificio, a cuanto queráis, con tal que no me falte vuestro amor y gracia. Quiero ser tu esclavita… Desde el amanecer, cuando me deje en manos de la Santísima Virgen ofreciéndome para la cruz o cruces del día, diré: Madre querida, haz que no desperdicie ni un segundo siquiera y que en este día me dé de lleno a mi santificación y arrepentimiento”.

"Siempre, Madre mía, enséñame a sufrir en silencio y sin consuelo de nadie."

"Oh María, oh Madre mía. Vos me habéis conducido aquí. Vos me habéis ayudado a realizar los sacrificios que durante largo tiempo juzgué superiores a mis fuerzas; gracias por vuestro auxilio”.

“Muy pronto seré esposa de Jesús; entonces, más que ahora, seréis mi Madre. Oh María, Madre mía, guardadme, protegedme, ayudadme, amadme. Amén."

"Muestra que eres Madre de clemencia, derrama sobre mí tus bendiciones. Recibe el alma mía... no te alejes. Quiero ser siempre tuya... no me dejes."

I. 27 de abril: Fiesta de la Beata María Antonia Bandrés Elósegui, "Antoñita"



"La Beata María Antonia Bandrés Elósegui desde su juventud se ofreció a Dios, siguiendo fielmente los pasos de la Madre Cándida y viviendo de forma alegre y fervorosa su servicio al Señor. Los pobres fueron sus predilectos y con ellos compartía ya de niña todo cuanto tenía. Lo había aprendido de sus padres, que le enseñaron que el amor a los otros era un deber, aunque ella supo llevar a cabo las obras de misericordia con sencillez y naturalidad para que nadie se sintiera herido. El desprendimiento de sí misma y de las cosas y el más completo abandono en la Providencia Divina templaron su fortaleza y su esperanza. Así preparó su alma para ofrecer su vida por alguien a quien amaba y veía lejos de las prácticas de la fe. Su testimonio debe ayudar a los jóvenes a descubrir la belleza de la vida consagrada totalmente al Señor, a comprender mejor el sentido de la oración y la fecundidad del sufrimiento, ofrecido a Cristo por amor a los demás." (San Juan Pablo II, Beatificación, 12 de mayo de 1996)

Pensamientos de Antoñita

“Como ésta no es la vida verdaderamente feliz, sino, por el contrario, la muy espinosa y sacrificada, hemos de estar siempre dispuestos y esperando que la cruz nos visite, y ¡dichosos de nosotros si sabemos con generosidad abrazarnos a ella!, pues algún día ha de abrirnos las puertas de la Gloria, donde nos abrazaremos para no separarnos jamás. Entretanto, unidos todos en el Corazón de Jesús y bajo el manto de María Inmaculada, sacrifiquémonos valientes, pasemos el Calvario de esta vida miserable para llegar al Tabor feliz, en el cual Dios no permita estemos ninguno separados”.

“Es preciso vayamos siguiendo el ejemplo del Crucificado, armándonos con la cruz para que, peleando como verdaderos soldados de Cristo, contra el mundo, el demonio y la carne, resucitemos gloriosos en la Celestial Jerusalén”.

“Cada día son mayores los desengaños de esta vida, a la que estamos tan apegados; procuremos de una vez unirnos enteramente al Crucificado y entregarle nuestra voluntad, no queriendo otra cosa que lo que Él quiera y disponga. ¡Qué dulce es sufrir con Jesús! Es verdad que cuesta mucho; pero no temamos, que Jesús será nuestra fortaleza. ¡Ánimo!”.

“Mucho les ama Jesús y por lo cual les visita muy amenudo con amarguras, que también a mí, junto con ustedes, me ha tocado pasar, pues sepan que sus sufrimientos son para mí como propios; pero Jesús no manda a nadie más de lo que puede, y en este mundo, a los suyos, sabe, de vez en cuando, mostrarles algo de la dicha que les espera.”

“Yo te adoro en todos los Sagrarios de la tierra donde vives por mi amor. No busco en la tierra sino a Ti; no quiero en el Cielo sino a Ti; ensancha la caridad de mi corazón hasta lo infinito. ¡Divino Niño Jesús, ven a nacer en mi corazón!”.

“Me esforzaré por hacer las obras ordinarias extraordinariamente, y diré en cada una de ellas: ¡Jesús mío, es por tu amor!”.

“Heme aquí, Señor, ya nos soy mía, sino vuestra. Yo me he entregado y vuelvo a entregarme toda a Vos. Aceptadme, Señor, y dadme fuerza para perseverar fiel y retirarme lo más pronto posible a vuestra casa, donde unida estrechamente a Vos persevere hasta el fin”.

“Jesús mío, Vos solo me bastáis. ¡Amor mío! No permitáis que nunca me separe de Vos. ¿Cuándo será que pueda deciros: “Dios mío, ya no puedo perderos”? ¿Y quién soy yo, Señor, para que con tanto empeño procuréis mi amor? ¿Y a quién he de amar si no os amo a Vos, Jesús mío?”.